Creando Psicomotricidad: Afección herencial, influencial y modos de comportamiento motrices (Parte 1)

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Hay que entender que los problemas no estan ahí, los problemas los creamos nosotros/as.


El ser humano camina sobre sus dos piernas. No hay nada nuevo en esto, y tendemos a darlo por sentado. Pero entonces, dar por sentado las cosas puede ser una forma muy engañosa de verlas. Supongamos que hiciéramos algunas preguntas sobre tales hechos, especialmente sobre hechos que han estado abiertos ante nosotros durante siglos. No tenemos ninguna razón para dar por sentado el andar erguido: no nacimos para caminar, tuvimos que aprenderlo. Si eres observador/a y miras a la gente en la calle, verás que ninguno de ellos camina como los demás. ¿Será que sus cuerpos son muy diferentes? ¿O que han aprendido a caminar de maneras diferentes? ¿O que, con el paso del tiempo, cada uno ha desarrollado una forma de moverse por su cuenta? Dicho de otro modo: ¿hasta qué punto estamos formados por la herencia, por influencias circunstanciales o por modos de comportamiento autoimpuestos?

Probemos con otra pregunta primero: ¿Cuál es la ventaja del transporte vertical? A veces se asumía que el hombre, al no necesitar sus manos para la locomoción, era capaz de utilizarlas para convertirse en un ser humano. Pero los simios, las ardillas, los canguros, los osos y otros animales a veces también caminan erguidos y usan sus patas delanteras para algo más que caminar, correr o saltar. Así que todo lo que podemos decir sobre esto por el momento es que el hombre usa sus manos de una manera específicamente humana, es decir: podemos describir cómo las usa, pero no podemos decir por qué.

Las manos no nos llevarán a ninguna parte ahora mismo; así que volvamos a la postura erguida.  Cuanto menor es el momento de inercia, menor es la energía necesaria para poner en movimiento el cuerpo. Y el momento de inercia aumenta muy rápidamente con la distancia del eje de rotación. Comparando el cuerpo humano con el de otros animales, encontramos que el momento de inercia alrededor del eje vertical (pasando por el centro de gravedad) es muy pequeño. De ello se deduce que el cuerpo humano es el más cercano a un marco ideal diseñado para el movimiento y el menos adecuado para permanecer inmóvil.

El pequeño momento de inercia es el resultado del apilamiento casi cilíndrico de la pelvis, el tronco y la cabeza, verticalmente, uno encima del otro, que al mismo tiempo lleva el centro de gravedad del cuerpo al nivel más alto posible compatible con su estructura, y por lo tanto se obtiene un equilibrio inestable. Es este precario e inestable equilibrio -y sus desviaciones- el que rige todo comportamiento humano. El movimiento horizontal desde la posición de equilibrio en cualquier dirección implica poco gasto de energía o trabajo. Restaurar el equilibrio cuando se perturba requiere el mismo pequeño gasto de energía que el anterior. En el equilibrio inestable, con el centro de gravedad lo más alto posible, la energía potencial es máxima. No es necesario el suministro de energía de ninguna otra fuente para cambiar la posición. De este modo, el cuerpo está siempre listo para el movimiento a corto plazo sin prácticamente ningún gasto de energía, e incluso este mínimo se obtiene de su energía potencial. En este sentido, es más móvil que el cuerpo de cualquier otro animal, que puede ser más rápido en una dirección en particular pero no tiene la libertad de movimiento completa del hombre.

Ahora, la postura erguida es una cualidad biológica del cuerpo humano, y no debe haber sensación de hacer, sostener, o de cualquier esfuerzo en absoluto. La postura real es siempre el resultado de lo que el se haría gracias a los mecanismos inherentes, y de lo que hemos aprendido a hacer ajustándonos a nuestro entorno físico y social. Mucho de lo que hemos aprendido va en detrimento del sistema, ya que se ha aprendido bajo la presión del afecto o el estrés de las dificultades, mientras que la dependencia inmediata de los demás distorsionó nuestras necesidades reales.

Parece extraño que se solo se hablen de ejercicios como si de caramelos fuesen y no de la gravedad que soportamos por nosotros mismos, y es que en nosotros (como todo en el mundo) vivimos en un campo de gravedad y estamos sujetos a él. Como habréis notado, he estado considerando aquí el cuerpo humano en su relación con la gravedad. Es habitual comenzar el estudio de la mecánica con estática, considerada más simple o elemental que la dinámica. Curiosamente, en el ser humano el movimiento se logra más fácil y antes que la inmovilidad: un niño/a comienza a dar tumbos hacia delante mucho antes de que pueda permanecer inmóvil sin apoyo; los años pasan antes de que pueda permanecer de pie sobre una pierna, y muchos adultos nunca alcanzan la perfección estática para poder permanecer de pie sobre una sola pierna durante mucho tiempo, especialmente con los ojos cerrados, aunque pueden hacer todo tipo de movimientos. Nótese que caminamos, nos sentamos, o nos tumbamos cuando queremos pensar: pocas personas encontrarán que el estar paradas conduce al pensamiento. También nos acostamos cuando estamos cansados, o enfermos, o en el psiquiatra. Ahora, el 90% de nuestro sistema nervioso se mantiene ocupado regulando nuestro comportamiento en relación con la gravedad; por lo tanto, se alivia más cuando se libera de esta inmensa actividad de oponerse, y a pesar de la atracción gravitatoria -en otras palabras: cuando estamos acostados.

Voy a resumir por el momento: El cuerpo humano está construido de tal manera que puede resistir la gravedad sin ningún esfuerzo, y puede moverse en el campo de la gravedad con casi ningún gasto de energía. Se han elaborado y establecido normas de postura y movimiento correctos, teniendo en cuenta las diferencias individuales. Debido a tales diferencias, cualquier desviación del comportamiento correcto no debe ser interpretada, al menos no inicialmente; puede ser notada y corregida. Corrección o, preferiblemente: “La “mejora” es un proceso de aprendizaje, es decir, de formación de nuevas respuestas funcionalmente más adecuadas. Una cuestión de saber hacer, si quieres. Pero para entender lo que sabes, tienes que sentirlo también. Y esto no es sólo un comentario gramatical sobre “comprensión”.

En la psicomotricidad observo como el tratamiento psiquiátrico logra un efecto duradero sólo si la mejora va acompañada de algún cambio en el cuerpo.

Analizando, encuentro que las perturbaciones emocionales o mentales, así como los delitos/errores menores funcionales del cuerpo, se deben al funcionamiento perturbado o resentido de nuestro sistema nervioso. Por lo tanto, del mismo modo que el tratamiento mental puede producir un cambio en el organismo, a la inversa, la mejora de la conducta corporal también produce cambios en la mente. En consecuencia, casi todo lo que llamamos “enfermedad” debe responder al tratamiento, ya sea a través de la psique o a través del cuerpo por igual. Si has perdido una extremidad, no se te puede hacer crecer una nueva; pero se te puede ayudar a enseñarte a ti mismo a usar la extremidad restante más eficazmente de lo que la habías utilizado previamente al accidente. La línea más allá de la cual el daño se vuelve irreparable depende de la persona involucrada, y de la habilidad y sabiduría del maestro/a. Esto es mucho más de lo que parece.

El comportamiento en relación con la gravedad tiene la ventaja de que puede observarse y medirse. Cualquiera puede ser consciente de ello y aprender a mejorarlo. Un estándar ideal puede deducirse de la estructura del cuerpo y de su mecánica, y utilizarse como hipótesis de trabajo; pero las desviaciones de este estándar no deben considerarse a priori como síntomas de enfermedad. Históricamente hablando, la Medicina es una ciencia curativa: vamos a ver a nuestro médico cuando nos sentimos menos bien de lo habitual, y esperamos de él que nos devuelva nuestra forma habitual de sentirnos nosotros mismos. Pero parecemos incapaces de sentir perturbaciones que, para nosotros, se han vuelto habituales. La postura erguida, por ejemplo, debería ser reflexiva y no necesitar trabajo de los músculos voluntarios, y en la postura correcta la reacción elástica del esqueleto lleva la compresión a cero.  Ahora bien, lo que comúnmente llamamos “enfermedad” suele ir precedido y acompañado, y a veces incluso seguido, por alguna de esas faltas o desviaciones. Pero desde este punto de vista, hasta la interpretación de cualquier desviación como una “enfermedad”, deberíamos ante todo saber qué significa exactamente “enfermedad”. Y no creo que la Medicina haya encontrado hasta ahora criterios suficientemente exactos para definir “enfermedad” y “salud”. Por eso parece preferible hablar aquí más bien de desviaciones: Las desviaciones son signos de un delito menor funcional. Se vuelven habituales y eventualmente conducen a la enfermedad, al reducir la resistencia incluso a las enfermedades infecciosas, o mejor dicho, a la propensión a contraerlas. Se suele hablar de “enfermedad” cuando las desviaciones son grandes en grado y pequeñas en número; pero también pueden ser numerosas, y pequeñas en grado. Las quejas de la vejez se pueden deducir de los años anteriores: conducen a algunos de los problemas que a veces se enumeran bajo el epígrafe de reumatismo, a problemas de descalcificación, escoliosis, cifosis, ciática, asma, artritis, artrosis, etc., todos los cuales se pueden prevenir o remediar aprendiendo a corregir las desviaciones. La vejez, por ejemplo, comienza con la restricción autoimpuesta de formar nuevos patrones corporales. En primer lugar, se seleccionan actitudes y posturas que se ajustan a la dignidad de la posición, y por lo tanto se rechazan acciones que pronto se vuelven imposibles. Basta con examinar el hecho de sentarse en el suelo y saltar, para darse cuenta de lo importante que es este factor de rechazo en el envejecimiento de una persona. Su reanudación y reintegración en el uso normal tiene un marcado efecto rejuvenecedor no sólo sobre la mecánica del cuerpo, sino sobre la personalidad en su conjunto. Aparte de las deficiencias heredadas y los daños sufridos en el pasado, podríamos decir que todo el mundo está potencialmente en perfecto estado de salud, pero no sabe cómo lograrlo.

No tenemos forma de seguir directamente los procesos en nuestro sistema nervioso central. Podemos darnos cuenta de tales procesos sólo en la medida en que nuestra vista, nuestro aparato de habla, nuestro rostro y el resto de nuestro cuerpo nos lo adviertan. Esto es lo que queremos decir con conciencia. Lo mismo ocurre con todas las percepciones, sentimientos y pensamientos de los sentidos: mientras no se hagan sentir por la movilización de nuestras regiones motoras, permaneceremos inconscientes de ellas y, a todos los efectos, no existen para nosotros. Podemos ser conscientes de los cambios en nuestro bienestar o sentirnos incómodos, sin ser conscientes de los cambios fisiológicos subyacentes. Es decir, a menudo notamos los sentimientos, pero no lo que los causa. Lo resumiría de la siguiente manera: no puede haber percepción de los sentidos, ni emoción, ni pensamiento, y obviamente ningún movimiento sin que se manifieste en el comportamiento del cuerpo. En resumen, no podemos volvernos conscientes de un sentimiento o pensamiento antes de que sea expresado por una movilización motora, y por lo tanto no hay pensamiento o sentimiento mientras no haya una actitud corporal.