Creando Psicomotricidad: Jugar a volar

Hay ocasiones, que tenemos que dejar volar a nuestro -Yo- más pequeño/a, hasta en el sentido más literal. Una de las claves para la mejora de la seguridad en los niños/as es jugar con las emociones y hacerles sentir capaces de todo lo que se propongan, con mucha o poca ayuda pero hacerles sentir libres, esa palabra tan bonita y tan castigada. La pasión de muchos/as de nosotros durante la infancia y quizá toda nuestra vida, es volar. Y para ello, hay formas de crear movimientos y emociones de manera segura jugando.

El juego consiste en estar abierto a nuevas experiencias. Se trata de imaginar, de un espíritu de fantasía, de explorar posibilidades. Instintivamente te fijas en los animales, y sacas uno de tus reflejos más primarios en el que expresas esa libertad, esa llamada sin necesidad de decir una palabra, simplemente gritas y mucho. Puedes imaginar que vuelas como un pájaro o nadas tan rápido como un delfín. Al final, la gran diferencia en la sociedad de hoy día es que los mayores quieren hacer que son animales, pero cuando son niños/as, se sienten animales, va por dentro, se sienten más fuertes y se lo creen. Hay una gran diferencia entre el Training hype molón que te venden, que es hacer el animal, a imaginarte que eres tú el animal.

Incluso si los niños/as no pueden estar regularmente en un ambiente natural, una de las maneras más accesibles para que los niños/as contacten con la naturaleza es a través de los animales. Estos tienen un atractivo especial para los niños/as que les encanta fingir ser un animal, imitar los movimientos y sonidos de los animales, jugar con mascotas y abrazarlas, ir a zoológicos y granjas… aun recuerdo mi granja escuela. Todos estos encuentros mejoran la autoconciencia y el sentido del cuerpo.
El niño/a que se hace pasar por una tortuga, por ejemplo, sabe que no es una tortuga , pero esto fomenta la conciencia de su propio cuerpo y de cómo se diferencian de los animales. Sin embargo, al mismo tiempo, el niño no sólo está pensando en una tortuga, sino que más bien se está convirtiendo en la tortuga de una manera fundamentalmente encarnada, poniéndose a cuatro patas, cubriéndose el cuerpo, estirando y contrayendo el cuello, los brazos, las piernas, etc.

A todos nos vendría bien una dosis de ser más parecidos a los niños/as para mejorar el sentido de nuestro cuerpo y el bienestar posterior. Aunque nuestra percepción de las responsabilidades como adultos puede no permitir tal indulgencia, esto es algo que hay que cambiar entre todos en la sociedad. Sin embargo, en nuestro afán por entrenar y educar a los niños, no les quitamos la oportunidad de sentir y de moverse, de jugar y de usar sus cuerpos de manera creativa e inspiradora. Entonces, ¿por qué sí en los adultos?