– Timanfaya –

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Este fin de semana en Lanzarote tuve la oportunidad de conocer y reencontrarme con personas /libres/.

Dentro del curso discutimos sobre educación, genética, psicomotricidad, métodos de entrenamiento, etc. Y dentro de todo ello, expuse la necesidad que debemos desarrollar como educadores/as para la improvisación, la expresión y la adaptación. Siendo estas, parte de las bases de aprendizaje de un niño/a. De esta forma, no existen las ”recetas” sino las guías para explorar el enfoque que le damos a la educación de las personas que van a aprender de nosotros/as.

Expliqué, que los niños/as no sólo imitan en el juego lo que observan en los adultos/as. Más bien, interpretan lo que observan, prueban variaciones de la misma, y de esa manera se esfuerzan por darle sentido. El juego de los niños/as es siempre creativo, y en su juego experimentan con nuevas y creativas variaciones de temas derivados de los adultos/as. Así, es como cada nueva generación se basa, en lugar de simplemente reproducir la cultura de la generación de sus padres.

A su vez, son naturalmente atraídos/as por las innovaciones más recientes en la cultura que les rodea. Los adultos/as, a menudo, sospechan de tales cambios, pero los niños/as los abrazan. Esto podemos verlo hoy en la ansiedad de estos/as para aprender a utilizar la última tecnología. La cultura de los niños/as se centra, de forma natural y adaptativa, en las habilidades importantes para el mundo en el que crecen, no en el mundo tal como era cuando sus padres crecían. Concepto que podríamos llamar evolución.

Gracias por querer ir más allá Lanzarote.

¡Buen comienzo de semana!