– Esencial –

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Hay que dejar de querer engañar al público.

Cuando me siento frente a ellos/as en un curso veo que el grupo es como un minimundo, es un representante del mundo real y al crear en mi trabajo un clima de sinceridad, respeto, un clima amoroso, le doy voz al grupo para que puedan expresar también qué sienten de la persona que llevan por dentro. Y es ahí, cuando la persona después de unas cuantas aventuras/juegos se da cuenta que puede pertenecer sin intentar forzarse, y eso, es mucha ganancia.

Creo que lo que nos hace mucho daño es la vergüenza que nos hace sentir lo que sentimos, mucho más de lo que sentimos en sí. Yo no tengo una receta, pero imagino que ayudo a caminar hasta mostrarnos. Creo que en cuanto podemos legitimar lo que sentimos y encontramos una forma de publicarlo de forma adecuada al mundo y vemos que ese mundo nos acepta con esto, entonces decimos: ah, vale, entonces tengo derecho a sentir esto o lo otro, tengo derecho a ser como soy. El miedo y el dolor de mostrarse viene por lo que castramos para intentar no ser lo que somos. Y esto se da sobretodo en la infancia, a golpe de patrones de conducta, de pensamientos, accedemos a dejar de autoidentificarnos. Hay muchas frases hermosas que seguro que os habrán dicho más de una y de dos veces en la infancia: No sirves para nada. Molestas. Aquí no se hace ruido. Los hombres no lloran. Ya cambiarás. Qué sabrás tú (muy popular).

¿Quién de aquí por la noche suspira, de la energía que gasta por aguantar durante el día un personaje? Lo que nos hace daño no es sentirnos locos, es sentirnos locos por dentro y aparentar ser normales por fuera.

A día de hoy, tengo claro que el trabajo que yo hago, crea cambios, pero sobretodo permite que otros trabajos tengan cambios, por ello cada persona cabe, tal como es, con sus luces, sombras, certezas y confusiones.

Nos vemos el 3 de junio en Granada.

¡Buen día!